El domingo llevé a mi hermano pequeño a la
Iglesia, pues tiene que asistir cada domingo para hacer la comunión y, en la
puerta, estaban practicando todos los niños unos pequeños textos que tenían que
leer en voz alta en la Iglesia, referente al catecismo. Tras escuchar durante
un rato me di cuenta de que los niños, quitando excepciones, al leer en voz
alta tartamudean, se equivocan de palabras y se ponen más nerviosos que
haciéndolo mentalmente, incluso hay algunos que se quedan callados durante unos
segundos intentando descifrar alguna palabra que le resulte menos cercana.
Lo que vengo a decir con esto es que se
debe trabajar mucho más la lectura, tanto en casa como en la escuela y, para
ello, una buena forma de hacerlo es la lectura compartida. Como decía José
Morais en su libro “El arte de leer”, se demuestra que el éxito del aprendizaje
de la lectura está influido por la estimulación intelectual proporcionada por
la familia durante los primeros años de vida. Por tanto, se fomenta el
desarrollo lingüístico, cognitivo y emocional del niño.
El hecho de leer en voz alta estimula
emocionalmente a los niños además de conseguir beneficios a nivel cognitivo,
lingüístico y afectivo como he nombrado anteriormente. Al hacerlo delante de su
grupo de iguales se aumenta el autoestima del niño, la inteligencia emocional y
se consiguen mejoras a la hora de hablar en público, puesto que se adquirirá
una confianza en sí mismo que forjará una personalidad fuerte y le ayudará a la
hora de expresarse y comunicarse con su entorno.
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