El juego está cada vez más presentes en las metodologías actuales, en todas las materias se busca la tendencia a aprender jugando, de introducir aspectos cada vez más lúdicos a las sesiones didácticas. Sin embargo sigue habiendo un gran colectivo que defiende que aprender equivale simplemente a esfuerzo y que jugando se pierde el tiempo.
Continuamente he escuchado a mis profesores, incluso en la universidad, decirme que cuando el niño está jugando no aprende porque no es consciente de que está intentando aprender algo y solo se da cuenta de que lo está pasando bien. Precisamente por eso yo creo que el juego es adecuado; el niño no es consciente de que está aprendiendo. Para mi esto es clave, por que al hacerlo inconscientemente, este proceso no se convierte en algo tedioso y pesado para él, si no que lo está haciendo con gusto y está desarrollando todas sus capacidades intelectuales.
No se puede exigir en los primeros años que se aprenda con esfuerzo y con trabajo porque va en contra de la naturaleza de esa edad. Los sentimientos que el niño tenga del aprendizaje en estos años de vida marcará su futuro éxito en el estudio, porque unos procesos erróneos conseguirán que el niño aborrezca el estudio para siempre. Raro es el niño que no está continuamente corriendo, jugando, buscando divertirse, moverse, no parar de hacer cosas, y esta energía es un error intentar ahogarla, el éxito está en saber canalizarla hacia un mejor aprendizaje.
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